domingo, 19 de abril de 2020

Entrevista
Lucía García
Universidad Rey Juan Carlos, Madrid
Marzo del 2020

¿Cómo se definiría en su campo profesional? He leído que a menudo se define como artista y periodista.
Es una buena pregunta. Ya que muchas veces se da por hecho que soy infografista, que es una manera en la que jamás me definiría. Es cierto que uso la infografía, pero eso es solo una cuestión técnica, lo importante es con que finalidad se utiliza. Ciertamente, pueden ser, entre otras, el periodismo o el arte. Tampoco me considero diseñador, que es otra profesión en la que a menudo se me encasilla. El trabajo del diseñador es muy importante en nuestras sociedades. Soluciona problemas de distinta índole, comunicativa, espacial, industrial. No es mi caso, yo no soluciono problemas, más bien los creo. Aunque este modo de verlo tiene que ver con mi actividad más reciente, que, de tener que enmarcarla y para entendernos, diría que se trata de arte. Como es una palabra que me suena decimonónica no suelo utilizarla. A veces digo -no sin cierta ironía- que soy prestidigitador gráfico. Hago trucos visuales. A algunas personas les resulta gracioso, ingenioso o curioso. A otros no les parece nada. En una vida anterior fui periodista, y lo disfruté muchísimo. Pero yo, ahora, soy otro, y el periodismo tal y como yo lo viví, cosa del siglo pasado. En resumen: diría que fui periodista, que actualmente soy artista y que en algún momento camine en el filo de ambos asuntos, siempre con la infografía de la mano.

¿Me podría hacer un breve resumen de su trayectoria profesional en el mundo de la infografía y en el periodismo?
Me había independizado con 18 años. No se muy bien como había llegado, logísticamente hablando, hasta los 25. Sin trabajo, vivía en un departamento de poco más de 20 metros cuadrados. Tenía una especie de colchón de espuma en el suelo, un televisor blanco y negro y un hornillo de gas. Lo único razonable era el equipo de música. Mi idea de lo que quería hacer en la vida era realmente vaga, salvo evitar, a toda costa, un trabajo, digámosle común, con sus horarios y sus rutinas. Mi mujer era muy amiga de la pareja del director de arte de El Periódico de Catalunya. Fue así como me enteré que buscaban un infografista. Yo no tenía ni idea del asunto, pero descubrí rápidamente que ellos tampoco. Así que conseguí el puesto ce trabajo. Creo que no pensaba en nada, aquel asunto no iba a durar demasiado. De hecho no duró demasiado: poco más de una década. Como fue breve, fue intenso: aprendí el oficio periodístico, contribuí a darle forma académica a la infografía, revisé, reformulé y tensé los límites de esos mismos parámetros que había contribuido a crear. Me mudé de país, me divorcié y construí una nueva relación de pareja con la que tuve mi primer hijo y me volví a separar. Mi trabajo para diario Clarín se había visto reconocido internacionalmente en forma de distinciones y ofertas de trabajo del New York Time y Time Magazine (que rechacé). Trabajé como consultor para muchos de los medios de referencia de América Latina. Deje Argentina y regresé a Barcelona con una idea muy vaga de lo que quería hacer con mi vida, salvo evitar, a toda costa, seguir haciendo lo mismo que en la década anterior. Estuve varios años viajando por América mientras trabajaba como Director de Arte en el diario Expreso de Ecuador, estudiaba la posibilidad de montar mi propio estudio en Buenos Aires y reformulaba totalmente el diario La República de Lima. También pasé unos meses en Madrid trabajando para la televisión, fue una experiencia muy frustrante. Regresé por segunda vez a Barcelona, aunque pasaba casi todo el tiempo en Italia asesorando a Corriere della Sera, Gazetta dello Sport y Il Sole24h. Tras una consultoría para La Vanguardia me ofrecieron materializar mis propuestas desde la redacción. La misma semana me ofrecieron la dirección de infografía del futuro –ahora pasado- diario Público de Madrid y un puesto de responsabilidad en National Geographic Magazine en Washington. Decidí quedarme en Barcelona. Trabajé para La Vanguardia una década entera. Profesionalmente, lo más destacable de ese periodo creo que fue mi extraña columna de opinión. Gracias a ese espacio vertical de experimentación encontré lo que quería hacer si dejaba el periodismo de redacción. El año 2017 deje La Vanguardia consciente de que mi vida profesional como periodista de mesa había terminado. Los últimos años he expuesto mi trabajo en diversos espacios de arte, y publicado regularmente los mismos trabajos expuestos, adaptados a un formato editorial, en diversos medios: El Mundo (Madrid), La Nación (Argentina), El Financiero (México) y O Globo (Brasil). Creo que la cosa ha sido algo así.

¿Cómo definiría infografía? 
La infografía es una herramienta de comunicación que utiliza dos lenguajes, la palabra y la imagen de forma combinada e indisoluble, de tal manera que un lenguaje no se entiende en ausencia del otro y que juntos tienen la capacidad de resultar mucho más precisos que cualquiera de los dos por separado.

¿Cree que media el arte para crearlas? Y por tanto, ¿dentro del periodismo podemos ver arte? 
Responder esta pregunta nos obligaría, primero, a definir que es arte. La cuestión, tal y como yo lo entiendo, es al revés: la infografía media para crear un posible arte. ¿Podemos ver arte en los medios? Extrañamente. ¿Puede el arte ser periodismo? Depende. En principio y de forma generalista diría que no. Al menos desde el modo en que entendemos hoy el periodismo.  Un modo que nos pide una mirada desde lo objetivable, una distancia entre narrador y narrado. En el arte tal cosa no es necesaria y, de hecho, es inevitable que sea autoreferencial, cuando no directamente autobiográfico. Al margen de distinciones entre dos mundos tan alejados, creo que deberíamos hacer un periodismo desde la primera persona, lo que equivale a decir más humano. De este modo la posibilidad artística en el periodismo sería mayor. Finalmente, no debemos olvidar algo fundamental desde las vanguardias: el rol del espectador en la definición de que es y que no es arte. De este modo periodistas genuinos como Frank Kappa o Weegee terminaron en los grandes museos. Estos casos responderían a la última pregunta ¿puede el periodismo visual devenir en arte? Si, sin duda. Como el periodismo escrito puede hacerlo en literatura.


¿Tiene referentes en el periodismo (preferiblemente infógrafos)?
En los inicios los tuve, sin duda. Niguel Holmes y John Grimwade, esencialmente. Pocos, por que era una profesión pequeña. Más adelante me quedé sin. Llegados a cierto punto, seguir aprendiendo significa innovar.

¿Cuál diría que son sus mejores infografías y por qué?
Más allá de los trabajos realizados por los departamentos que dirigía y que, en lógica, fueron hechos bajos mis criterios, los trabajos de mi autoría son deliberadamente escasos. Concibo mi trabajo como un conjunto, como un corpus de obra. De ahí que citar unos pocos trabajos me resulte imposible. Con todo hablaría de dos épocas con resultados aparentemente muy distintos: los años en diario Clarín, con trabajos que buscaban la innovación del fondo desde la forma, y el trabajo que vengo desarrollando en la última década, cada vez de forma mas definida. Trabajos que nacidos sin voluntad periodística encuentran difusión en los medios igual que en los espacios de arte, y en los que la forma esta sometida totalmente a un fondo alejado de la agenda periodística y que encuentra al individuo singularmente común desde la autocontemplación.

¿Han recibido algún premio sus obras? Cuénteme los más importantes.
He recibido numerosas distinciones de la SND, SPD, Malofiej, Laus. Llegados al centenar me di cuenta que eran baratos y dejé de contarlos. Hace unos años recibí el premio Graffica por el conjunto de mi trabajo y el año 2012 la SND-E me otorgó el dudoso título de ‘el infografísta más influyente del mundo durante el periodo 1992-2012’. Aunque más que discutible, este reconocimiento tiene especial valor para mi debido a que fue una elección hecha por cerca de 2.000 profesionales de todo el mundo.

¿Dónde ha expuesto sus obras? ¿Podremos ver alguna en los próximos meses?
Por nombrar algunos espacios: el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el MIT Museum de Boston, Somerset House de Londres, ArtScience Museum de Singapur o Fundación Telefónica en diversos países de América Latina. En estos momentos estoy participando en dos exposiciones, Human en el Palacio Condestable de Pamplona y CommonKnowledge en el Museo de Arquitectura y Diseño de Liubliana, Eslovenia, una exposición que en unos meses viajará a Bremen, Alemania.

¿También imparte cursos? ¿Dónde los podemos encontrar?
Realizo talleres habitualmente en España y América latina, estoy condicionado con el mundo anglosajón pues no hablo el inglés. Generalmente son talleres organizados por universidades. También dicto masterclass en diversos grados y postgrados de diferentes facultades de diseño, periodismo o arte. El único curso que puedo decir que se puede encontrar es ‘Infografía creativa, entre arte y periodismo’ (un título sin duda desafortunado) que realicé, hace aproximadamente un año, para la plataforma online Domestika.

En la actualidad, con el COVID-19 
¿Cómo se adaptan los medios para garantizar la continuidad de su función? ¿Cómo viven los periodistas el confinamiento? 
No tengo ni idea. Ya no estoy en una redacción.

¿Cómo cree que están tratando los medios el tema del COVID-19  a través de los espacios digitales? 
No tengo ni idea. No siglo el tratamiento de los medios. No lo hago porque, salvo honrosas excepciones, el periodismo que se realiza en la actualidad es muy deficiente.





lunes, 6 de abril de 2020























Tu homúnculo
Si tienes curiosidad por saber cómo se vería tu homúnculo, haz un listado con estos valores en el mismo orden y envíalo a este email. Te haré llegar el resultado. Al hacer esto aceptas que tu homúnculo se publique en soporte papel o digital y que se realicen copias para exposiciones.

Más información sobre el Homúnculo de Penfield



lunes, 16 de marzo de 2020

Mapa del cólera del Dr. John Snow
Precursor de la epidemiología moderna

Demostró que el 
cólera era causado por el consumo de aguas contaminadas con materias fecales, al comprobar que los casos de esta enfermedad se agrupaban en las zonas donde el agua consumida estaba contaminada con heces, en la ciudad de Londres en el año de 1854. Ese año cartografió en un plano del distrito de Soho los pozos de agua, localizando como culpable el existente en Broad Street, en pleno corazón de la epidemia. Snow recomendó a la comunidad clausurar la bomba de agua, con lo que fueron disminuyendo los casos de la enfermedad. Este episodio está considerado como uno de los ejemplos más tempranos en el uso del método geográfico para la descripción de casos de una epidemia.
Wikipedia. Leer más

 

miércoles, 11 de marzo de 2020

miércoles, 4 de marzo de 2020

Dos exposiciones de infografía en el mismo marco
Palacio del Condestable
Pamplona
6 de marzo al 13 de abril

Human
Vida más allá de los datos: infografías mínimas.


Exposición de diversos autores cuya obra tiene como nexo común el uso de la infografía y los datos con el fin de reflejar, reflexionar o reflectar sobre lo humano, siempre desde la subjetividad.


Trabajos con los que participo:
La rutina (vídeo)
Excéntricos (vídeo)
Salud, dinero o amor (instalación participativa)










Algunos de los otros autores que participan en la exposición:Giorgia LupiStefanie PosavecNicholas FeltonMona ChalabiJavi Royo





















Woman
De los códices al Big Data: mujeres y visualización.
Exposición del trabajo de mujeres en la visualización de la información. Desde sus orígenes hasta hoy.










Noticias de Navarra
Con Javier Errea, presidente de la SND-E, organizadora de la exposición,  durante la presentación.


'Una mirada femenina al análisis de datos'

martes, 25 de febrero de 2020

Un día en la misión
Reconstrucción visual de la historia y la vida cotidiana en las misiones jesuíticas del norte argentino.

Trabajo incluido en la enciclopedia Historia visual de la Argentina (1999)
Ampliar

'La infografía no está de moda'
Jaime Serra

Llegué a la infografía en los años ochenta, cuando estaba de moda. El periodismo evolucionaba sin sobresaltos en un mundo informativo que se resumía en papel, televisión y radio. La infografía era punta de lanza de la modernidad. Cielo despejado en un horizonte que no presagiaba tempestades para un modelo de negocio anclado en el tiempo.
Como moda que fue, la infografía hoy debería resultarnos tan antigua como la Primera guerra del Golfo, las americanas con hiperhombreras, el peinado de Patrick Swayze en ‘Ghost’ o las baladas de Spandau Ballet. No fue así: la infografía se consolidó en las redacciones construyendo un discurso donde la ética primaba sobre la estética y donde los infografistas, venidos del diseño, la ilustración o las bellas artes, supimos contener veleidades artísticas entendiendo que estábamos al servicio de otra profesión. Nos hicimos periodistas.
Con la llegada de soportes digitales la infografía no solo siguió de moda, aprovechando nuevas tecnologías se dotó de animación e interacción con el lector ampliando su poder comunicativo. Lejos de poner trabas al cambio los infografístas adoptaron lo digital como un paso lógico, casi natural, aunque, a mi entender, no lo era tanto. Supimos reaccionar con velocidad abriendo nuevas posibilidades. Deberíamos felicitarnos por este éxito de visión y adaptación.
Tras posicionarse en todos los soportes de los medios, ahora que estos andan en una deriva digital o se convierten, más o menos lentamente, en papel mojado, la infografía no solo resiste en las redacciones mejor que otras áreas, también amplia su radio de acción fuera de ellas. 
Los profesionales de la palabra y la fotografía ven arrebatado su monopolio por millones de ciudadanos inquietos que toman la iniciativa: saben escribir, tienen en sus bolsillos al menos un dispositivo que captura imágenes y lo más importante, manejan el canal de difusión con un dedo. Probablemente estemos en el mejor momento para la palabra y la fotografía, lo cual no implica que sea el mejor momento para redactores y fotógrafos. La infografía, sin embargo, ve aumentar su demanda sin que sea otro que el profesional, el infografista, capaz de realizarla. Es el mejor momento para la infografía y para el infografista. Hoy el campo de acción de la infografía es más grande que nunca y sigue creciendo. Pero, probablemente las mejores infografías ya no se hacen en el entorno editorial.
No es solo que los metadatos han urgido a la infografía para que podamos visualizarlos y solo así existir. Tampoco basta como explicación la urgencia de lo digital. La infografía es la victoria de la lógica aplicada a la comunicación, el resultado de sumar las capacidades descriptivas de palabra e imagen, principales lenguajes humanos -sonoro aparte -, para fundirse de modo indisoluble mediante el rol más arquitectónico del diseño. Cuanto más difícil se hace la realidad –y se ha hecho y se hace- más necesarias son las herramientas capaces de una narración sencilla y amable a la vez que rigurosa y confiable.
No morir de éxito: este puede que sea nuestro principal reto. Hace mucho que en los medios de comunicación se superó el debate ética/estética, periodismo/arte. El concepto esta afianzado. No existe discusión abierta sobre que es y que se espera de una buena infografía. Ahora la calidad de las infografías en los medios es, esencialmente, una cuestión económica, de inversión, de apuesta. No es así en otros ámbitos. Un ‘déjà vu’ del papel diario de los 80’s campa ahora en nuevos territorios donde la infografía aparece: sobredimensión, falta de información y rigor, desajuste del tono gráfico con la temática tratada, obviedad, interacción o animación innecesaria, etc. Debemos asumir la responsabilidad de afianzar en todos los espacios donde se desarrolle nuestra profesión los criterios que nos han otorgado la confianza del lector en los medios. Hay que ser crítico y exigente para con los profesionales que se sumen viniendo de formaciones y experiencias diversas a soportes y espacios nuevos. Lo mismo que hicimos antes en el papel, ahora en un mundo más complejo. Por tanto, resulta vital la formación. Son necesarios más estudios de grado, masters, doctorados, cursos y seminarios. Es razonable que los mejores profesionales no tengan el tiempo o el interés en formar a los más jóvenes. Pero es este un espacio fundamental para el futuro. De la mano del crecimiento de nuevos espacios donde la infografía es útil nacen nuevas profesiones: mineros de datos, documentalistas visuales, programadores. Los necesitamos y debemos darles el espacio profesional que en los orígenes de nuestra profesión algún obtuso pretendió negarnos.
Hay que mantenerse alerta en el rigor. Detecto una singularidad peligrosa: el ciudadano se ha vuelto saludablemente desconfiado con los medios específicamente y con la información en general: dudamos del titular de portada del medio de referencia, del enfoque del presentador del telenoticias y, desde que se popularizó el Photoshop, de las fotografías, antaño representación incuestionable de ‘la verdad’. En este contexto se me hace, cuando menos sorprendente, que el lector-espectador no cuestione las visualizaciones de datos si estos se cuentan por millones –cuantos más menos cuestionable parece- y están vestidos con estética paracientífica. Parece que han puesto en nuestras manos la inexistente ‘verdad’.
Me hice periodista de la mano de la infografía. Pero tardé en darme cuenta que me podía hacer otras muchas cosas: infografía es ‘solo’ una herramienta. Siendo importante, no puede determinar que algo sea arte o ciencia, verdad o hechos.
Tengo, a mi edad profesional, la convicción de que un tsunami pasó sobre mi. Nuevos software y soportes han aparecido mientras salgo del papel. Pero tan o más difícil resulta hacer una infografía con una decena de datos que con millones. La mano artesanal de nuevos talentos demuestran que la plástica convive bien con la abstracción del megadato o el hiperrealismo del 3D. Infografías anónimas hechas gif recorren las redes sociales con mayor difusión e impacto que elaboradas infografías interactivas de equipos multidisciplinares.
Son, pues, las posibilidades de ampliar el concepto de infografía lo que también me ha permitido un desarrollo profesional sin necesidad de abandonar la herramienta encontrada al inicio. Trazar un camino, evitando en lo posible la mortal repetición.
Me abro a pensar la infografía diferenciada en géneros. Igual que el diseño anuncia al lector que la narración es diferente, la infografía debería cambiar de forma y, sobre todo de fondo, según se trate de reportaje, crónica, análisis, ¿opinión?, ¿entrevista? –de hecho así lo hacemos sin conceptualizarlo. Una tarea pendiente, que quisiera pensar que los intelectuales de nuestro oficio abordaran en un futuro inmediato.
Domino una técnica pero ahora quiero decir algo mío. Elijo la opinión, único género periodístico que permite a su autor la creación del contenido. Luego, conscientemente, recorro el estrecho sendero, poco transitado, hacia las prácticas artísticas utilizando lenguajes infográficos o parainfográficos. Poquísimas pero importantes indicaciones en el camino: Rudolf Steiner, Marcel Duchamp, Josep Beuys y, más reciente y directamente vinculado al periodismo de investigación, Mark Lombardi.
Un nuevo territorio por explorar se abre ante mi –ante todos-. Más complejo, más apasionante, más salvaje.
Nuestra cuestión no es si la infografía tiene en su futuro la utilidad de explicar los cada vez más complejos mundos en todas sus numerosas capas; la cuestión es si estos podrían explicarse ya sin la infografía.
La caducidad es intrínseca a las modas y la infografía sigue de moda.

Texto incluido en el libro 'Past, present, future'. 25 years of information graphics
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